Hetty Green

Hetty Green fue durante muchos años una de las mujeres más ricas del mundo. Nacida en Massachusetts en 1834, aprendió de pequeña los entresijos de las inversiones financieras y  la especulación.

Su padre, Edward Robinson, se dedicaba al negocio de la caza de ballenas y con él Edward generó una gran fortuna. Al fallecer, su hija Hettty Green heredó todo el dinero de su padre. Con ese patrimonio, Hetty comenzó a invertir en bolsa y llego a tener en sus manos unos 200 millones de dólares de la época (que equivaldrían a unos 3.500 millones en la actualidad) fruto de su olfato inversor.

Sin embargo, a Hetty Green solo le preocupaba una cosa en su vida, el dinero, y su único objetivo en la vida era tener cada vez. En 1888 su esposo que también se dedicaba a la inversión bursátil perdió 2 millones de dólares y se arruinó. No podía ni siquiera cubrir los gastos de la casa y la respuesta de Hetty fue separarse de él y negarse a ayudarlo.

La vida de Hetty era lo más austera que se podía imaginar. Con el fin de ahorrar tanto dinero como fuera posible se fue a vivir a uno de los barrios más pobres de Nueva York.Vestía siempre con un vestido negro que ella misma cambiaba y solo se compraba uno nuevo cuando el que tenía se le caía a pedazos. Además era frecuente en ella que cambiase de casa con el fin de que los recaudadores de impuestos no pudieran cogerla y de esta forma, evitar pagarlos.

Pero era tal su tacañería  que incluso por ahorrarse algo de dinero fue capaz de jugarse la vida de su propio vástago. Edward, uno de los dos hijos que tuvo, sufrió un día una herida en la rodilla. Como no podría ser de otra manera, Hetty llevó a su hijo a un hospital de beneficencia, pero el médico reconoció a Hetty y le obligó a pagar la consulta. Hetty se negó y decidió curar a su hijo personalmente. Tiempo después la pierna se infectó y tuvieron que amputarle la pierna a su hijo por gangrena.

Fruto de su tacañería, a Hetty Green se le conoció como la bruja de Wall Street y es que para ella, lo único importante era el dinero, por encima de cualquier cosa.

Fuente: Extravia