Paradoja de Ellsberg

La paradoja de Ellsberg es una contradicción que se da en la economía y que fue demostrada  en 1961 por Daniel Ellsberg, analista de inteligencia de los Estados Unidos. La paradoja de Ellsberg afirma que la gente prefiere los riesgos cuantificables a los desconocidos o dicho de otro modo, que los individuos tienen aversión a la ambigüedad.

El Experimento

Esta conclusión se dedujo a partir del siguiente experimento: Imaginemos que tenemos dos urnas. Una urna tiene 50 bolas negras y 50 bolas rojas mientras que la otra urna tiene 100 bolas pero no sabemos la proporción de bolas negras/rojas que hay.  En la segunda urna puede haber más bolas rojas que negras o viceversa, que todas sean rojas, que la mitad sean rojas y la otra mitad negras (como en la otra urna) o cualquier otra combinación posible. El experimento consiste en que vamos a pagar 100 euros si acierta el color de la bola que vamos a sacar, pudiendo elegir el “concursante” de que urna vamos a coger la bola.

Daniel Ellsberg afirmó (y los experimentos posteriores avalaron esta teoría) que la mayoría de los individuos eligen la primera urna en la que se sabe con certeza que la mitad de las bolas son rojas o negras, y casi nadie elige coger una bola de la urna en la que la probabilidad es desconocidas, que es el caso de la segunda urna. Es decir, se cumple el viejo refrán de “más vale pájaro en mano, que ciento volando”.

¿Ocurre ésto en el mundo real?

Pues fuera de estos experimentos económicos la aversión a la ambigüedad que afirma la Paradoja de Ellsberg se cumple en muchos casos. Uno de ellos es el miedo de la sociedad al desarrollo de energías nucleares o la manipulación genética en comparación con otros riesgos más cuantificables como por ejemplo los accidentes de tráfico. También ocurre cuando por ejemplo ocurre alguna alerta sanitaria nueva cuyas consecuencias son difíciles de estimar como ocurrió hace años con la Gripe A, que preocupaba mucho más que la gripe Común cuando por ésta última murió mucha más gente (más de 250.000 personas la gripe común frente a poco menos de 19.000 personas la gripe A). A la gente le producía más temor una gripe desconocía cuyas consecuencias no eran conocidas que la gripe común que se daba todos los años y cuyos efectos si eran conocidos y cuantificados.