Entramos en unas semanas en donde aparentemente la calma es el denominador común de los mercados financieros. Estamos ya prácticamente inmersos en las fiestas navideñas en donde los grandes inversores aprovechan para tomarse unos días de vacaciones tras un frenético año de trabajo. También los gestores son menos activos debido a que ya tienen sus carteras cerradas. Centrándose ya en lo que pueda deparar el nuevo año. Todo ello hace que estas semanas, al menos en teoría sean más tranquilas, y las oscilaciones en los precios no sean tan extremas como otras épocas del año. Siempre que no haya ninguna sorpresa de relieve que cambie este apacible panorama.

No es momento para las ventas

Durante estas últimas semanas del año, si ya estás expuesto en la renta variable, no será momento de deshacer posiciones. Si has llegado a estos momentos en posiciones compradoras, no te importará continuar unos días más con tus inversiones. Además, suele ser un periodo muy proclive a desarrollar pequeñas subidas con las que despedir el año. No será prudente que varíes o cambies tu estrategia de inversión. Y si en cambio para realizar compras puntuales con las que mejorar tus posiciones, aunque desde un potencial de subidas no muy espectacular.

Abrir posiciones, pero rápidamente

El otro escenario que puede pasarte es que estés en completa liquidez. Si es así, puede ser un buen momento para realizar pequeñas operaciones con las que rentabilizar las posibles subidas en la bolsa. Pero serán unos movimientos dirigidos al más corto plazo. Sin deseos de permanencia, con una voluntad claramente especulativa. En donde deberás centrarte en los valores que mejor aspecto tengan como objetivo de tus órdenes de compra. Con un poco de suerte podrás sufragar algunos de los gastos que tengas en estas fiestas. A través de las plusvalías que pueda depararte las operaciones abiertas en bolsa.

Menores movimientos en los mercados

Estos días el volumen de contratación desciende de forma notable. Además, los grandes centros del poder económico se toman unos días de descanso. Todo ello revierte en que la actividad de los mercados financieros sea menor. Con pocas variaciones en la cotización de los precios. Por supuesto que habrás alzas y depreciaciones. Como siempre, pero con una menor intensidad. Hasta el punto que las operaciones realizadas en la misma sesión bursátil serán mucho más complicadas de formalizar. Como suelen decir los inversores más experimentados, “por estas fechas está todo el pescado vendido”.