Es según muchos expertos el futuro del sector de la librería. Los libros electrónicos o ebooks cada vez se venden más y su porción del mercado ha crecido en importancia en los últimos años. La comodidad de tener miles y miles de libros en un mismo dispositivo y la rapidez con la que se puede empezar a leer cualquier obra( muchos dispositivos te permiten comprar y bajarte los libros a través de internet, sin tener que utilizar el ordenador) son sus grandes caballos de batalla, y de esto sabe mucho la empresa estadounidense Amazon, cuyo lector de libros electrónicos, el Kindle, le ha supuesto un éxito de ventas sin precedentes(solo en el último mes de Diciembre se vendieron 4 millones de unidades).

Sin embargo, los libros electrónicos están teniendo una paradoja que el consumidor no acaba de entender. La mayoría de veces, el precio de comprar un libro “convencional” es el mismo que comprar el libro en formato electrónico, e incluso en algunas ocasiones superior, algo ilógico ya que en el ebook se prescinde de papel ,transporte, tinta y alquiler del local donde se vende el libro entre otras cosas.  La explicación más común es que las editoras se están aprovechando de esta situación, y se quedan todo el margen de beneficios que obtienen de la venta de los libros electrónicos pero además de esta explicación hay otra que la mayoría de la gente desconoce y es la cuestión de la fiscalidad.

Comprar un libro en papel supone pagar al estado un 4% de IVA, mientras que si compramos el mismo libro en formato electrónico, el IVA se dispara al 21%. 5 veces más de impuestos que, suponen que el producto se encarezca, solo por los impuestos, un 17%. ¿Por qué ocurre esto? Porque para la Comisión Europea, los libros electrónicos se consideran una “prestación de un servicio”, una descarga de contenido como puede ser una canción de itunes o un programa comprado a través de Internet. El mismo producto pero con tributación diferente dependiendo de cómo se lea.